MaRaToN

Publicado en ReaLiDaD el 6 de Julio, 2006, 21:21 por Petalito

Consciente de que para borrar un fracaso solo sirve un nuevo fracaso, me inscribí en el maratón del Día del Corredor Olímpico.
Maratón cortito de siete kilómetros y medio. El liberal uso de la lengua castellana habilita esas licencias y se llama maratón a cualquier carrera de calle.
Pero ese es otro tema.
Siete mil quinientos metros presentan dificultades muy distintas que los cuarenta y dos.
La tranquilidad que ofrece una menor distancia a recorrer incluye el compromiso tácito de correr más velozmente.
Contradiciendo mi arraigada costumbre, me ubiqué en medio del lote, dispuesta a partir a paso firme y acompañada por otras dos compañeras que me hacían el aguante.
Gracias a la mala puntería del artillero, el cañonazo que dio la orden de largada no produjo víctimas que lamentar.
Aún no recuperada de la impresión, me encontré en medio de la estampida, huyendo quién sabe de qué, mirando hacia cada lado.
Al llegar al kilómetro cuatro comenzó mi infortunio.
El conductor provisto de binoculares vociferaba desde un megáfono.
- ¡Se ven acercar las remeras blancas, hay gente corriendo, gente trotando y otros hasta caminando!

La primera compañera que tenía la perdí al mirar hacia el lado opuesto, y continuamos juntas con la otra parloteando como si alrededor todo fuera un maravilloso espectáculo del cuál éramos protagonistas.

El terror se apoderó de mí, la musculosa del club me resaltaba el naranja entre la gente que lucía el blanco de sus remeras.
Un enjambre de remeras blancas se abalanzó sobre mí. 
Miro alrededor y dejó sentir una suave brisa pegarme en la cara, elevo mi rostro al cielo sin alentar mi paso y grito "Estoy corriendo!"  Gracias Señor!!

Tanto he esperado volver a intentarlo que en menos tiempo de lo esperado ya estaban ahí mis zapatillas medio gastadas, pisando el asfalto que iba marcando cada metro con suma dureza… ayudado por el barro de días pasados lluviosos…

Sentí un felicitado diez bajar desde el cielo como un premio elevado por haberlo intentado.

Me senti especial, y mi piel rejuveneció aun mas de lo buscado, es que una prueba en la vida había logrado… el volver a correr como tanto había ansiado.

Todo transcurrió en cuarenta y cinco minutos e interminables veinticuatro segundos finales.

Verdaderamente, fue un domingo especial, único como todos pero en mi interior inolvidable.