12 de Julio, 2006


SiN PaLaBRaS Y eN SiLeNCio

Publicado en aMoR el 12 de Julio, 2006, 20:04 por Petalito

Aunque nunca mi cariño tenga el premio de tus besos.

Aunque nunca mis palabras,  repercutan en tu pecho;

yo lo mismo he de quererte sin palabras y en silencio.

Como sufren los que aman,  los que aman en silencio,

porque te llevo en el alma como si fueras un sueño;

como si todo lo tuyo se adormeciera en mi pecho.

Benditas sean las noches que sin mirarte yo te veo,

y ese viajero incansable que se llama pensamiento

que me lleva a todas partes para cubrirte de besos.

Y las noches que traen tu recuerdo cuando a solas en mi cuarto

sin mirarte yo te veo porque me has enseñado

a amarte desde lejos, con los ojos,  con el alma,

sin palabras y en silencio.

BieNVeNiDo!

Publicado en ReaLiDaD el 12 de Julio, 2006, 17:32 por Petalito

uNa FRaSe

Publicado en ReaLiDaD el 12 de Julio, 2006, 17:08 por Petalito

 

Ayer...  tiempo de amarte,  de quererte,  de adorarte como a un DIOS,  y venerarte.

Hoy...  tiempo de llorar,  de sufrir,  de esperar y recordarte.

Mañana...  tiempo de qué será mañana.

Será tiempo de tenerte o de buscarte,

será...  tal vez...

tiempo de olvidarte.

uN PeNSaMieNTo

Publicado en ReaLiDaD el 12 de Julio, 2006, 16:59 por Petalito

El amor se hace de sorpresas.  Eso por lo menos es lo que pensamos las mujeres.  De ahí que en las primeras etapas en que conocemos a alguien,  y aun en los primeros tiempos del noviazgo,  pasamos largos momentos dedicadas a imaginar los afectos que causará en él;  uno u otro gesto. ¿Que no?  Pensá en las ilusiones que te hiciste cuando fuiste a un encuentro,  el sábado pasado,  con ese suéter color salmón y ese peinado extraordinario.  ¿Qué esperabas?  que él te viera llegar y sintiera galopar su corazón, que él sintiera indisimulables ganas de ir corriendo hacia vos y dijera:  “estás espléndida,  ninguna mujer me gustó  tanto”.

En cambio mucho mas sosegado de lo que se podía esperar en tales circunstancias,  él te saludó como siempre y te comentó antes que nada: “será mejor que no fuéramos a ningún cine de Lavalle”. 

Esta aparente frialdad,  esta insensibilidad que suele atribuírsele al hombre,  como si fuera una falla de generación,  en generación desde el comienzo de nuestra especie,  representa para nosotras un desafío constante. 

Sí ellos son pocos demostrativos,  nosotras solemos ser excesivamente noveleras,  como suele decirse,  románticas,  enamoradas del amor,  fanáticas de las ceremonias,  expertas en idealizaciones. 

Por eso,  locas de amor,  hubo y habrá siempre  ¿quién de nosotras no cometió una o muchas veces una pequeña locura para agradarle mas a él?  ¿Quién no perdió la cabeza por algún apetitoso chico?  ¿Quién de nosotras no se encontró haciendo la peor de las payasadas como parte de un gran himno de amor,  que luego se volvió en contra de un bumerán?

No digas que vos estás al margen de estas cuestiones porque no te creo.

Lo aMo

Publicado en aMoR el 12 de Julio, 2006, 5:08 por Petalito

No podría decirte que he dejado de amarlo,  porque el amor no es una elección ni una obligación,  sino algo que va subiendo por el cuerpo como una planta de ramas envolventes,  es un olor que de repente te hace necesitar a aquel que dejaba un huequito en la almohada,  es un papel con la letra conocida que te pega como un golpe en el estómago. 

Lo extraño.  Sin proponérmelo,  su recuerdo me inunda.  Estoy pensando en cualquier cosa y él ocupa mi pensamiento,  se apodera de todas las imágenes,  hace con ellas bollos de papel y las arroja al cesto.  Cada uno de mis sentidos lo necesita vivo. 

Mi vista quiere verlo llegando por la calle,  doblando la esquina con su paso seguro,  su camisa impecable,  su corbata refinada,  sus zapatos lustrados,  tan totalmente reconocible entre toda la gente,  tan él,  tan esperado a las siete de la tarde en la puerta de la facultad.  Mi oído quiere escuchar su voz. 

No importa lo que diga.  Su voz.  Ese sonido que lo identificaba,  que era el envoltorio y la médula de sus palabras,  las de la gracia que me arrancaba la risa.  Mi gusto quiere la tenue sal de su piel.  Y toda aquella gama infinita del sabor de las comidas que le gustaban:  compartir una cena,  con velas en la mesa,  un almuerzo bajo el sol,  las pequeñas magias que se conseguía con una pizca de pimienta y un pollo asado con paciencia sobre las brazas:  “Nunca vas a comer un pollo igual,  porque yo le pongo un ingrediente único,  le pongo amor...” 

¡Oh DIOS mío,  él me falta en todas partes!  Hasta en el hambre me falta,  porque desde que no está no he vuelto a sentir hambre aunque me pase días sin comer.  Nada es lo mismo ahora.  Un jazmín no es lo mismo.  Que me perdonen los jazmines,  pero qué caso tienen los jazmines si los cortan mis manos,  no las de él.  Tengo la casa lleno de floreros con jazmines que parecen luceros y,  sin embargo,  no me hacen esbozar una sonrisa.  El les ponía el alma que les faltaba. 

Dirás que tengo que resignarme,  que debo acostumbrarme,  que tengo la obligación de la esperanza,  que no soy la única persona en el mundo que ha perdido el amor,  la compañía,  la pareja querida... 

Dirás que no puedo darme por vencida,  que debo encontrar fuerzas para no estar vacía como una casa en venta,  que se descascara.  Pero no puedo.  Lo intenté.  Lo intento.  Trato...  pero nada me entusiasma de verdad.  Nada me interesa verdaderamente.  Nada me importa del todo.  Me canso,  me distraigo,  me quedo con la mirada perdida,  mirando sin ver...  Y cuando me hablan no oigo la frase entera...  a veces apenas si el comienzo o el final...  y supongo con los monosílabos,  sin saber qué es lo que estoy haciendo o diciendo en realidad,  a qué le digo  “si”, a qué le digo “no”,  a qué le digo “bien”. 

Mi situación es difícil.  No puedo cansar a la gente llorando en su presencia,  porque la gente se asusta muy rápido del dolor y la tragedia.  Se asusta de las mismas confidencias,  iguales,  repetidas...  Se asusta de alguien que no tiene ganas,  se atemoriza de verse en un espejo oscuro,  como es,  todavía, el espejo de mi corazón en cuarto de negras paredes,  sin eco,  sin una pequeña lamparita.  Por eso llamo poco a mis amigos.   Y cuando los llamo,  o me llaman,  no me pongo a gritarles que lo extraño,  que no puedo mas,  que vengan que estoy sola y si sigo tan sola me convertiré en una piedra del desierto,  en una islita que el agua del océano hará desaparecer...  Ellos tienen sus propios problemas y me da miedo cargarles los míos.  Los amo.  Amo a mis amigos y me cuido muy bien de no entristecerlos. 

Si mis amigos se me ponen tristes no tendré yo ni un laguito de donde sacar unas gotitas del agua dulce de la alegría.  Una salpicadura cada tanto,  como esos juguetes infantiles de carnaval.  Mis amigos...  Claro que los amo.  Son lo único vivo que me pasa.  Son mi elección.  Ellos también me han elegido entre tanta gente.  Nos ha acercado DIOS.  Y así los quiero: cerca.  Los pocos que no huyeron.  Los pocos que me tuvieron tomada de la mano para que no me hundiera.  Cálidas manos vivas que tienen mi tacto vigente con la vida.  Cuánto les agradezco.  Y cuánto miedo tengo de que mi verdadero rostro de pesar los aleje. 

Por eso te lo digo a vos en vez de confesarme con ellos.  Te digo que no dejé de amarlo.  Que el amor continúa como el agua y el aire.  Que el amor no se cansa,  no pierde su plaza,  no depone las armas,  no se resigna,  no palidece,  es una copa llena.  Bebo de esa copa,  pero bebo sola.  No brindo.  Bailo con tu recuerdo.  Hablo y me contesto con las palabras que él hubiera dicho para responderme.  Tecleo frente a mi PC.  Invento historias de amor.  Por un ratito soy protagonista de cosas bellas.  Pero pasan las horas y vuelvo a los interrogantes,  a las indecisiones.  Se me sale del camino debajo de los pies.  Se me muere el sol.  Se silencia la música.  Se apaga la llama.  Se secan las hojitas nuevas que parecían comenzar a brotar. 

No hay playa.  No hay puerto.  No hay banco.  No hay amor.  No hay sueños que me hagan dormir,  ni canción que me acune,  ni bebida que

apague mi sed.  Y no hay pan,  ni azúcar ni luna.  Nada hay que me conforme,  que me ayude,  que me ampare.  Lo extraño.  A vos te digo que lo extraño.  A vos te pido que reces conmigo para que DIOS se apiade y le de un poquito de paz  a mi alma.  Que reces conmigo para que los jazmines dejen de ser flores de papel blanco en los floreros de mi casa.  Y uno,  aunque sea uno,  perfume mi corazón.