eS TieMPo De RoSaS

Publicado en aMoR el 17 de Julio, 2006, 3:08 por Petalito

 

Ya se que a veces te parezco altiva,  que mi miedo te engaña,  que mi debilidad se defiende con zarpazos y mi cuerpo se pone tenso porque todavía no aprendió a diferenciar los gestos que se le acercan -¿una caricia,  una probable herida?.

Para mi,  sería mas fácil salir cuando todo comienza,  pero desde hace mucho,  yo misma he levantado los muros de cristal que me rodean,  que me apartan de los demás cuando no soporto las pequeñas traiciones,  los muros de cristal que a veces me encierran con mis lágrimas en una catedral de tempestades. 

Y en esos gritos que oís,  y esos destellos de mis ojos que ves,  no son de rabia,  son de pedir que vengas,  que me tiendas la mano,  que me ayudes,  que me des un beso... 

Vení,  mírame.  Sácame el pelo de los ojos y siémbrame violetas en las lágrimas.  Y verás como,  de repente,  me parezco a los manzanos en flor,  y riego la tarde con mi sonrisa ancha y las espinas se me derriten,  y toda mi piel se vuelve pulpa y dulce,  charco en donde se remojan las estrellas.

Vení,  abrázame.  Y vas a sentir cómo crece el verano entre tus brazos.  Vení,  bésame. 

Yo se que vos también tuviste que pasar por muchas cosas para llegar a  este mismo lugar.  Pero pudiste conservar una fuerza que no tengo, no puedo: la fuerza de no temer a la muerte.  Pero no.  Por eso me sujeto a tu ternura.  Por eso me agarro de tu mano hasta hacerte doler los dedos de tan fuerte,  porque si quedo suelta y sola y sin hasta mañana y sin aviso de que vas a tardar y sin mirada y sin abrazo y sin beso y sin vos...  me pongo a mirar por la ventana que da a un espacio oscuro en el que se agitan los árboles y los autos transitan en la Gral. Paz y me parece que vos también vas a responderme si grito tu nombre. 

La sonrisa se vuela como una mariposa se evapora,  como una gota de lluvia bajo el sol de enero,  se escapa como una mojarrita por la rotura de la red.  En cambio,  el llanto,  es como tinta que mancha las ropas y no sale con nada,  y crece multiplicando la pena que lo hizo crecer. 

Hagamos nacer rosas.  Que el calor de tu mano,  cuando apretó la mía,  entibie los cristales de hielo de la ausencia. 

Veamos cada segundo como si fuera el último.  No nos dejemos alcanzar por la rutina.  Corramos...  como niños que juegan a la mancha,  como pájaros que huyen de la inminente tormenta,  como las aguas del río que se precipitan en el mar. 

La rutina tiene una bolsa llena de cenizas,  y las esparce como papel picado,  como aserrín gris sobre los ensamientos de la gente.  Si la ceniza te toca,  tus movimientos se vuelven mecánicos y torpes.  Corramos,  corramos de la mano,  vayamos a refugiarnos en un banco de plaza anochecida,  en la última butaca de un cine,  en una ronda de niños donde nos pongan en el medio,  en el sillón del living que hay que retapizar.  Hagamos de todas esas fugacidades alegres una lámpara votiva que no se apague jamás.  Una especie de relámpago eterno,  que borre de nuestra memoria,  la oscuridad y el llanto.  Ahora,  ahora que es tiempo de rosas emborrachando de dulzor el aire.