PoR eSTe HoMBRe

Publicado en aMoR el 17 de Julio, 2006, 16:17 por Petalito

 Por este hombre de manos como nidos yo recorrí todos los caminos,  caí en los precipicios,  me zambullí en los lagos y en los mares.  Me volví loca de sed en los desiertos,  me abrasé en el trópico,  fui enceguecida por el reflejo de la luz sobre las nieves perennes.

Por este hombre de tranquilos gestos llegué a pensar que DIOS era mentira.

Por este hombre que miraba asombrado la tristeza en mi rostro.

Por este hombre que no entendía el motivo de mis llantos.

Por este hombre que huía de mis explosiones y se encerraba en un sueño que lo aislaba de mi dura realidad.

Por este hombre yo he pasado noches levantada,  maquinando venganzas al verlo dormir como si nada de mi le interesara.

Por este hombre conocí las luciérnagas que se encienden en la sangre y producen una hoguera en el territorio del cuerpo enamorado.  Y aprendí también a castigar diciéndole que no.  Y aprendí la soledad,  el empecinamiento,  la rabia,  la rutina,  la garganta,  los reproches,  las espinas,  la sal.

Por este hombre conocí la bruma,  la oscuridad,  la asfixia.

Por este hombre que a veces me compraba un ramo de rosas y llenaba el universo de perfume,  como si fuera el hacedor de la primavera y yo fuera una plantita verde y nueva,  dispuesta a darle mis flores y mi sabia,  loca de alegría por esa generosidad,  pequeñita que a mi me daba la impresión de ser la mas grande de las generosidades.

Estoy tan poco acostumbrada a recibir que,  cuando me dan algo,  lo guardo para siempre,  lo pongo en un estante de la casa,  como si fuera un trofeo,  lo observo,  lo miro,  no lo creo,  tengo que tocarlo reiteradamente hasta convencerme de que es una realidad y no un invento,  un sueño.  Pero no,  no es chiquito el sueño de un ramo de jazmines ;  es el sueño de un jardín,  de un verano azul y que calienta la piel y quema el césped, es el sueño de una   planta que trepa por el tronco del árbol,  envolviéndolo y al mismo tiempo que lo acompaña y lo aprisiona se siente acompañada y

prisionera de la fuerza mas poderosa :  la destrucción de la soledad.

Por este hombre que tantas veces se ha negado a confesarme su cariño sintiéndolo,  nada mas que para no decirlo,  para hacerse el rudo,  yo he golpeado la puerta con inquietud,  con miedo de no ser escuchada ni recibida.  Y me he jurado golpear otras puertas para ser escuchada y recibida,  sin importarme quién las abra,  quién se sienta capaz de oír el sonido de campana al viento que emite mi corazón...  una campana de barro en medio del océano,  una campana de catedral en medio del desierto,  una campana quejumbrosa con sonido de queja y manantial al mismo tiempo.

Por este hombre no me quedé quieta desde el día en que decidimos intentar todo juntos.  No tuve reposo,  ni quietud.  No tuve para otra cosa que no fuera exigirle,  eximirme,  pedirle,  darle,  quitarle,  obligarlo a recibir.

Por este hombre de voz pausada y ojos comprensivos ya  no me queda nada por conocer.  Todas las tramas,  todas las redes,  todas las cadenas,  todos los matices.  Y soy una mujer igual a todas. Y él un hombre muy parecido a todos.  Y la nuestra,  una historia que se repite a diario.  Una historia que se escucha y se huele detrás de las puertas cerradas y las persianas bajas.  La historia que comienza a entretejerse cuando los platos de la mesa quedan limpios y los niños se duermen.

 

La historia con iniciales de cansancio,  que a cada uno le parece única,  irrepetible,  diferente.  Es la historia de la falta de tiempo para estar juntos.  La historia de tener que luchar por el futuro.  Y él no entiende porque una es tan dramática.  Y él no entiende porque una le da tanta importancia a cosas pequeñitas como el olvido de servir agua en el vaso.  Y una lo ve un monstruo frío,  sin compasión,  ni sentimiento.  Y él la ve a una imposible,  incapaz de aceptarlo,  de conocerlo.  Y el orgullo de ambos,  el empecinamiento,  la fatiga,  las heridas constantes van dibujando un limite que separa...;  primero puntos suspensivos,  como los de los mapas;  después un hilo de agua,  por fin,  una montaña. 

¿Y dónde están los que una vez sintieron que no podían vivir separados ?  ¿Donde están los que temblaban cuando sus manos se rozaban apenas ?  ¿Donde,  los que recibían la madrugada conversando?  Allí,  a cada lado de la montaña,  solos.  Cuestión de dar un paso y voltearla.  Cuestión de hacer caer la piedra con los llantos.  Cuestión de derivar el curso de los ríos para que la echen abajo. 

Solo bastó que yo le entregara mis ojos mansamente y lo dejara mirarme en ellos.  Que se ablandara mi tensión y mi cuerpo reconociera en él a DIOS, al mago.  Que floreciera mi ternura.  Que dejara fluir naturalmente mis palabras,  mis pensamientos,  mis ganas.

Por este hombre de manos como nidos.

Por este hombre de tranquilos gestos.

Por este hombre de voz pausada y ojos comprensivos,  conozco la felicidad,  la paz,  a una permanente construcción.  A un encuentro en el que nos reconocemos y nos necesitamos.