ViViR

Publicado en ReaLiDaD el 6 de Septiembre, 2006, 18:37 por Petalito

Estamos en una pizzería con mesas redondas, con mis amigos del grupo con quienes compartí esos tres meses maravillosos del tercer nivel de aquel curso de aprendizaje vivencial, para poder vernos y escucharnos entre todos, compartiendo de a uno como nos va en la vida, expresando lo que sentimos, lo que queremos, lo que nos hace bien y lo que nos hace mal, uno habla y los demás escuchan para luego expresar con total honestidad lo que sentimos y pensamos del que habló. ¿Lindo no?

Es mi turno para hablar y comienzo a expresar lo más negativo y egocéntrico de mi vida que es la  depresión:

 - Es como no estar presente, como que todo se ve y se escucha desde adentro de una burbuja aislante, que además ejerce presión sobre los ojos, la cara, el cuerpo. Es como estar en una semi-inconsciencia que al mismo tiempo es confortable, total estando ahí no importa nada. Pero hay una voz que me dice que no puedo quedarme ahí.

La burbuja es la nada, el egoísmo, el no compromiso, el no hacerse responsable por nada, la voz es el amor, a un hombre, a los hijos que aun no tengo, a los demás, a Dios, a la vida.

Alguien me interrumpe.

 - ¿No se te ocurrió escribir?

 - ¿Escribir qué?

 - Lo que nos estás contando.

 - ¿Para qué?

 - Podría ayudar a otros.

Sonrío, encojo los hombros y sigo hablando.

  - Siento que mi depresión es como un castigo a la soberbia. Alguna vez tuve mucha fuerza y velocidad, tanto física como mental, podía destacarme en todo lo que hacía, tenía todo bajo mi control, me sentía omnipotente, y de repente (si de repente) la depresión, pierdo el dominio, me siento desvalida y en desventaja, me siento lenta, tonta y sin fuerza. Así no me gusta jugar, así no puedo destacarme ni sobresalir, así no puedo mostrar lo maravillosa que soy, así no quiero que me vean, entonces me aparto, me quedo sola, me cierro.  ¡Cómo odié la depresión!

Pero cómo salgo de esta burbuja tan cerrada y tan aplastante, cuanto más la odio y la resisto más me aplasta, me desespero, así no vale la pena vivir... Ni pensarlo. Si no escucho la voz me quedo en esa nada que me lleva a nada, como dejarse morir, no quiero, lo resisto. Si escucho la voz me angustio porque no tengo la fuerza para salir.

Entonces entra en juego el don maravilloso de la FE, Dios sabe, aunque yo no lo entienda y aunque no me guste, por qué llevo esta carga, la acepto, me permito sentir la pesadez, el desgano, la  frustración, la angustia, el miedo, el orgullo herido, todo, y todo se lo ofrezco a Dios, llévalo Tú Señor, yo no tengo la fuerza, sin Ti nada puedo. Entonces se produce la magia, el alivio, es como que la burbuja se desvanece, y funciono, más despacio o como sea, pero funciono, viva, acá y ahora, estoy..