8 de Septiembre, 2006


LuZ

Publicado en ReaLiDaD el 8 de Septiembre, 2006, 21:36 por Petalito

Aceptar, es algo fácil de decir, pero difícil de “aceptar”. Tengo como un doble trabajo, aceptar que soy por momentos muy triste y aceptar que los que no son así puede que no me acepten como soy.

Veo que es muy difícil para alguien que no pasó por una sensación así de tristeza entender por lo que está pasando una.

Para hacerlo bien gráfico, si amputarme las piernas fuera el remedio para no sufrir más de tristeza, elegiría amputarme las piernas.

La tristeza es como estar muerta en vida, es no sentir interés por nada, es no poder disfrutar de nada, es como una sensación de vacío en la que entra fácilmente lo negativo y difícilmente lo positivo.

Como depresiva vivía mucho en el pasado, con la culpa de lo que pude haber hecho pero no hice, con la frustración de lo que antes podía pero ahora no puedo, con el miedo de no tener futuro y la impotencia de sentirme en desventaja.

Esto sumado a la incapacidad de disfrutar de las pequeñas cosas cotidianas tornaban mi vida en un callejón oscuro y sin salida.

Por suerte me encontré con Dios en el callejón, me trajo luz, y en mi interior sucedían diálogos como este:

 -¿Qué hago?, ¿me mato?, ¿no me levanto más?, ¿me dejo morir?

¡NO!, eso es evadirse, es lo fácil, es egoísmo, es muerte.

 - ¿Qué querés?

 - Yo quiero vivir, quiero aceptar, porque si acepto contribuyo a la redención, doy, amo a otros que ni siquiera conozco y que nunca me lo van a agradecer. Pero,

¿Cómo hago para soportar este peso ?, es demasiada carga, me aplasta.

 - No lo cargues.

 - ¿qué no lo cargue?

 - Dáselo a Dios, El tiene la fuerza y lo va a cargar con gusto.

El sufrimiento y el dolor tienen su origen en el pecado, y Jesús vino a liberarte de ese peso, qué sentido tiene que lo cargues, dáselo a “El”.

Eso sí, el peso extra del pasado y del futuro corren por tu cuenta.

 - ¿Por mi cuenta?

 - ¿Acaso Jesús no te enseñó que tu vida es acá y ahora?

El pasado ya pasó, fue, no tenés ningún poder sobre él.

Soltalo, dejalo, o te sirve para algo angustiarte y sufrir por lo que ya pasó y no podés modificar.

 - ¿Y mi futuro?,  todo eso que mis creencias culturales y mi vanidad me dicen que tengo que lograr.

 - Pará, bajá al acá y ahora, si querés salvar al mundo, ya lo salvo Cristo, si querés ser presidente, olvidate, si hay días que no tenés energía para levantarte de la cama, se realista.

 - ¿entonces?

 - Viví acá y ahora, tu vida “es” acá y ahora. Disfrutá y valorá cada pequeño logro cotidiano. Si hoy te levantaste de la cama, alegrate, disfrutalo, agradecelo y recién ahí buscá el siguiente.

Da lo mejor que tengas en cada instante y confiá en Dios. Vas a ver que de a pequeños logros y con perseverancia van a ir llegando los grandes, a lo mejor y si Dios quiere llegás a ser presidente. ¿O la salvación del mundo no empezó en el Portal de Belén?.

 - ¿Qué hago con mis sentimientos de angustia, frustración, miedo, falta de energía, con mi egoísmo, con mi orgullo?

 - Es una buena pregunta, ¿qué hago con los sentimientos?, no sos responsable de tus sentimientos, no te mortifiques ni avergüences de tus sentimientos, si no los tuvieras no serías humano.

Pero SI, sos responsable de lo que hacés con tus sentimientos.

 - ¿entonces?

 - No los niegues, no los rechaces, son lo que tenés, reconocelos, permitite sentirlos.

Reconocete, humano, débil para superarlos, y dáselos a Dios. Dale todo a Dios, lo que creés lindo o feo, bueno o malo, lo que te gusta y lo que no te gusta, o creés que podés ocultarle algo a Dios, entregate a “El” con lo que tenés, con lo que sos, confiá, creé.

Entonces se produce la magia, el alivio, aparece la luz, ya no es tan difícil, Dios me asiste, tengo paz, me siento viva.

Gracias Señor por la FE, Gracias!!

SoBeRVia

Publicado en ReaLiDaD el 8 de Septiembre, 2006, 20:36 por Petalito

No pretendo que compartan mi fe, pero la fe es mi forma de comunicarme con esa forma de energía o esencia creadora o superior en la que de un modo u otro casi todos creemos, hasta el más ateo invoca a Dios en un momento de real apuro.

Disculpen los que no creen, pero basta con mirar un poco alrededor para darse cuenta de la inmensidad y el poder que nos rodea, su fuerza es tan tremenda que en menos de un segundo podríamos dejar de ser, yo creo que si tenemos esto en cuenta, pretender que existimos por nosotros mismos no es más que un acto de soberbia.

Para mí, el que dice que no cree, se fundamenta en un conocimiento superfluo, se esconde en un prefiero no creer, para no ser responsable, para no tener que comprometerse, y desde su limitada luz de ser humano decide no creer.

La soberbia, también conocida como orgullo, es para mí la antítesis de la humildad, es el “quiero para mí” por excelencia, es el creerme dueño de la verdad, es el querer tener razón a toda costa, es el no darse ni dar otra oportunidad, es ser esclavo del ego, es egoísmo puro, es la madre de todas las desgracias ocasionadas por el hombre, no por nada es el primero de los pecados capitales, el pecado de Adán, el pecado de los ángeles caídos.

La soberbia nos lleva a la destrucción, y lo peor es que culturalmente aprobamos, admiramos y hasta idolatramos a los soberbios, los vemos fuertes, poderosos y autosuficientes, los envidiamos y queremos ser como ellos.

Recuerdo de chica que me enseñaron que la lujuria, el pecado de la carne, era algo terrible y culposo, cuando en realidad el pecado del espíritu, la soberbia, es el realmente grave y casi siempre padre de los otros pecados.

La soberbia va de la mano del ego, se manifiesta de las formas más variadas, en nuestras actitudes y creencias, que consideramos correctas por ser nuestras, el solo hecho de creernos humildes denota soberbia, la timidez es una forma de soberbia. Si te molesta que te digan soberbio, debe ser porque lo sos.

La soberbia y la vanidad viven con nosotros, y cuando creemos haberlas superado renacen con más fuerza y en otras formas, por creer que lo hicimos con nuestra propia fuerza, y son el punto débil de los que se creen fuertes por sí mismos.

Nuestras creencias y paradigmas sumados a la soberbia, nos vuelven totalmente ciegos al infinito rango de posibilidades que nos abre la vida; nos limita, nos encierra, no nos deja crecer, nos destruye.

Nos convierte en autómatas, que reaccionan automáticamente y de la misma forma ante tal o cual evento.

Nos vuelve “idiotas”, a punto tal que partiendo siempre de los mismos comportamientos, pretendemos obtener resultados distintos, es como que tenemos una sola receta, y con la misma pretendemos hacer comidas distintas, o que yendo siempre por el mismo camino queremos llegar a distintos lugares. Absurdo ¿no?, y solemos creernos tan inteligentes. ¿Por qué será que me pasa siempre lo mismo?

Tengo tantos ¿Por qué será?

La Fe

Publicado en ReaLiDaD el 8 de Septiembre, 2006, 20:28 por Petalito

De chica pusieron en mí la semilla de la FE.

Ahora reconozco a la FE como el don más maravilloso que me dio Dios.

Es gracias a la FE que encontré motivos para seguir viviendo, la FE es mi punto de contacto con el poder increíble del ser,  donde encontré la fuerza para construir mi vida.

La FE es lo único que conozco que puede darle valor al sufrimiento, aceptar y ofrecer a Dios nuestro sufrimiento es una contribución valiosísima para la salvación de las almas, es un aporte incalculable a la misión redentora de Cristo.

Cuando acepto y entrego a Dios mi padecer, estoy dando, me estoy entregando por la salvación de los demás, estoy AMANDO, una buena razón para seguir viviendo ¿no?

Reconozco a Dios como mi padre perfecto, si yo que soy imperfecta quiero lo mejor para mis hijos, cuánto más querrá Dios el bien para mi que soy su hija.

Me reconozco imperfecta y limitada, es imposible entender y abarcar todo, no soy quien para atreverme a juzgar a Dios injusta porque recibí  más o menos que los otros o porque sucedió tal o cual cosa, entonces acepto lo que me toca, aunque no lo entienda, aunque no me guste, aunque me duela,  “El” sabe los porque.

Reconozco a Dios como el único dueño del poder.

Esto me lo hizo entender en forma categórica la tristeza. Un día siento que soy omnipotente, que tengo todo bajo mi control, que hago lo que quiero con mi vida, al día siguiente no controlo nada, no tengo nada.

Todo lo que tengo, todo lo que logro es por su gracia, porque “El” lo permite, lo valoro, lo agradezco, disfruto de cada cosa, de cada logro hoy, porque nada me asegura  que lo tenga mañana.

Cuántos dones tenemos que no valoramos ni disfrutamos, recién nos damos cuenta que los teníamos, cuando los perdemos.

Reconozco a Dios como el único dueño de la gloria.

Cuando hago las cosas por mi propia gloria, y no obtengo lo que quiero me siento frustrada, si obtengo lo que quiero sacio un segundo mi ego y tengo la ilusión de llenarme, pero necesito más, siempre me falta, estoy vacía y en definitiva no beneficio a nadie, estoy tomando de los otros para llenar ese vacío.

Cuando hago las cosas por la gloria de Dios, no quiero nada para mí, Dios me asiste, los resultados son espectaculares, estoy llena, doy, amo, todos se benefician y siempre tengo más para dar y en definitiva recibo del mismo amor que doy.

Dios es eterno, Dios siempre está, es el único que siempre está, todo lo demás, nosotros y los que nos rodean, nos guste o no, son temporales, hoy están, mañana no sabemos.

Pero “EL” siempre está, con su mano extendida para el que quiera tomarla.

Esto de lo que estuve hablando tiene que ver con  la humildad, un elemento primordial para mi vida, reconocerme como ser humano, sujeta a debilidades e imperfecciones, reconocer que no soy dueña de la verdad, que puedo equivocarme, me permite nada menos que perdonarme a mi misma, darme y dar a los otros nuevas oportunidades, emprender nuevos caminos, aprender de cada situación, de cada persona,  es una ventana al increíble abanico de posibilidades que abre la vida, me permite crecer, y nunca dejar de crecer, nunca estancarme, nunca dejar de vivir.

oSCuRiDaD

Publicado en ReaLiDaD el 8 de Septiembre, 2006, 20:21 por Petalito

Tenía períodos muy buenos en los que me sentía dueña de la situación, tenía todo bajo mi control, podía destacarme fácilmente en cualquier actividad que realizara, intelectual, deportiva o artística.

Llenaba mi ego eso de poder ser mejor que los otros.

Pero de repente y sin previo aviso caía en un pozo, era como despertarse una mañana y ser otra persona, no podía entender que pasaba, todo parecía difícil, no tenía energía, me sentía lenta, tonta, sin vida.

Quería desaparecer, no soportaba la idea de que me vieran así, entonces me cerraba en mí misma, y como era tan autosuficiente y orgullosa, no podía, o mejor dicho no quería, pedir ayuda, y me cerraba más todavía.

Al poco tiempo empezaba a sentirme mejor y me iba normalizando, a veces en forma tan repentina como la caída.

Pero ya no era lo mismo, tenía miedo, mucho miedo de que volviera a suceder, no me sentía segura, ¿y si empezaba a hacer algo a largo o mediano plazo y me ocurría en la mitad? ¿Cómo iba a hacer para terminarlo? Y lo terrible es que volvía a suceder.

Con el tiempo los períodos buenos se fueron acortando hasta convertirse en unos pocos días al año.

Después de una seguidilla de desgracias, ya prácticamente no hubo más días de esos buenos para mí.

Valía la pena vivir así, sin poder gozar las pequeñas cosas, sintiéndome desvalida y en desventaja para competir en este mundo feroz, viendo todo negro, con angustia, con culpa de no haber hecho, con frustración de no poder hacer, con ese sentimiento de desinterés por la gente, las cosas, la vida ¿qué futuro tengo?, ¿cómo hago para construir mi vida?

CoMPaRTiR

Publicado en ReaLiDaD el 8 de Septiembre, 2006, 20:14 por Petalito

No soy médica psiquiatra ni psicóloga ni nada parecido.

No soy escritora y siempre me resultó muy difícil expresarme, o al menos me refugiaba en esta dificultad para no hacerlo (excusas).

No soy ni mejor ni peor que nadie.

Simplemente soy alguien que convive desde hace mucho conmigo misma.

No pretendo dar consejos ni fórmulas, es más, como ser humano que soy, existe la posibilidad de que esté totalmente equivocada.

Pero ¿cómo puede beneficiarse alguien de mi experiencia si no la expreso, si no la doy?

Quiero tan solo compartir mi experiencia, lo que funciona para mí, y tal vez alguien pueda sentirse identificado y encontrar en mis palabras algo de valor para su vida, en cuyo caso el valor de estas líneas será.... INCALCULABLE.