La Fe

Publicado en ReaLiDaD el 8 de Septiembre, 2006, 20:28 por Petalito

De chica pusieron en mí la semilla de la FE.

Ahora reconozco a la FE como el don más maravilloso que me dio Dios.

Es gracias a la FE que encontré motivos para seguir viviendo, la FE es mi punto de contacto con el poder increíble del ser,  donde encontré la fuerza para construir mi vida.

La FE es lo único que conozco que puede darle valor al sufrimiento, aceptar y ofrecer a Dios nuestro sufrimiento es una contribución valiosísima para la salvación de las almas, es un aporte incalculable a la misión redentora de Cristo.

Cuando acepto y entrego a Dios mi padecer, estoy dando, me estoy entregando por la salvación de los demás, estoy AMANDO, una buena razón para seguir viviendo ¿no?

Reconozco a Dios como mi padre perfecto, si yo que soy imperfecta quiero lo mejor para mis hijos, cuánto más querrá Dios el bien para mi que soy su hija.

Me reconozco imperfecta y limitada, es imposible entender y abarcar todo, no soy quien para atreverme a juzgar a Dios injusta porque recibí  más o menos que los otros o porque sucedió tal o cual cosa, entonces acepto lo que me toca, aunque no lo entienda, aunque no me guste, aunque me duela,  “El” sabe los porque.

Reconozco a Dios como el único dueño del poder.

Esto me lo hizo entender en forma categórica la tristeza. Un día siento que soy omnipotente, que tengo todo bajo mi control, que hago lo que quiero con mi vida, al día siguiente no controlo nada, no tengo nada.

Todo lo que tengo, todo lo que logro es por su gracia, porque “El” lo permite, lo valoro, lo agradezco, disfruto de cada cosa, de cada logro hoy, porque nada me asegura  que lo tenga mañana.

Cuántos dones tenemos que no valoramos ni disfrutamos, recién nos damos cuenta que los teníamos, cuando los perdemos.

Reconozco a Dios como el único dueño de la gloria.

Cuando hago las cosas por mi propia gloria, y no obtengo lo que quiero me siento frustrada, si obtengo lo que quiero sacio un segundo mi ego y tengo la ilusión de llenarme, pero necesito más, siempre me falta, estoy vacía y en definitiva no beneficio a nadie, estoy tomando de los otros para llenar ese vacío.

Cuando hago las cosas por la gloria de Dios, no quiero nada para mí, Dios me asiste, los resultados son espectaculares, estoy llena, doy, amo, todos se benefician y siempre tengo más para dar y en definitiva recibo del mismo amor que doy.

Dios es eterno, Dios siempre está, es el único que siempre está, todo lo demás, nosotros y los que nos rodean, nos guste o no, son temporales, hoy están, mañana no sabemos.

Pero “EL” siempre está, con su mano extendida para el que quiera tomarla.

Esto de lo que estuve hablando tiene que ver con  la humildad, un elemento primordial para mi vida, reconocerme como ser humano, sujeta a debilidades e imperfecciones, reconocer que no soy dueña de la verdad, que puedo equivocarme, me permite nada menos que perdonarme a mi misma, darme y dar a los otros nuevas oportunidades, emprender nuevos caminos, aprender de cada situación, de cada persona,  es una ventana al increíble abanico de posibilidades que abre la vida, me permite crecer, y nunca dejar de crecer, nunca estancarme, nunca dejar de vivir.