13 de Septiembre, 2006


TieMPo

Publicado en ReaLiDaD el 13 de Septiembre, 2006, 15:14 por Petalito

El tiempo tiene el poder

de convertir simples momentos

en horas de felicidad.

HoY

Publicado en ReaLiDaD el 13 de Septiembre, 2006, 15:12 por Petalito

Un día como hoy pero de otro día,

hace algunos años,

ocurrieron en el mundo un montón de cosas.

FaLTa aLGo

Publicado en ReaLiDaD el 13 de Septiembre, 2006, 12:44 por Petalito

Con una asistencia “divina” fui llevando adelante mi vida, levantándome cada mañana, paso a paso.

Estudié, conseguí trabajo, e intento formar una hermosa familia con tres hijos fantásticos y un hombre espectacular, toda energía, que nunca me consintió la tristeza.

Tenía mi casa, mi auto, no nos faltaba nada.

Pero estaba muy cerrada, muy metida en mi mundo, como dice me decís vos en mi nube..., no compartía con nadie lo que pasaba en mi interior.

Como que las cosas del exterior entraban en mí, pero de mí no salía nada. Evidentemente el circuito de aceptar, sentir y dar, funcionaba, sino con todo lo que me tocó vivir sumado a la tristeza, debiera haber reventado.

Pero en cambio tenía paz en mi interior.

Sin embargo, empecé a sentir un pequeño vacío que con el tiempo se fue agrandando, mi fe me decía que faltaba algo, amar a Dios incluye amar a los demás, entregarse a los demás.

Dios me había dado dones que yo estaba guardando para mí, no estaba mostrando la luz que “El” me dio a los demás.

Tenía miedo de abrirme, de mostrar a otros mi interior, me daba vergüenza profesar mi fe, entonces me justificaba, no tengo dones para expresarme, soy tímida.

Pero quedaba un vacío en mi interior que me indicaba que me estaba evadiendo, que era tiempo de algo más, tenía que hacer algo más que aceptar y rezar, tenía que abrirme a los demás.

Pero ¿cómo?, tantos años de ermitaña, me sentía tan cómoda con mi soledad, con mi vida interior, no iba a ser fácil dar ese paso.

Con el orgullo que se manifiesta de tan diversas formas, incluso en la timidez, más la depresión que hace todo más difícil, iba a necesitar ser realmente humilde y apoyarme totalmente en alguien para abrirme a la posibilidad.

Sucedió que después de hacerme un control médico para comprobar que gozaba de perfecta salud, el doctor se dignó a escuchar lo que me pasaba y decidió que probáramos con un antidepresivo.

El resultado fue espectacular, comenzaron cinco meses buenísimos de mi vida, me sentía realmente viva, podía disfrutar de todo, me fluía la energía, no podía parar de hacer cosas.

Todo era muchísimo más fácil ahora, incluso relacionarme socialmente, podía divertirme, disfrutar, sentir. Era una bendición. Disfrutaba cada día como si fuera el último.

 En esos días, me propuso que hiciera un curso medio extraño, que a él le había resultado buenísimo para mejorar muchos aspectos de su vida, pero yo estaba disfrutando tanto el momento, que sentía que no necesitaba ninguna clase de curso,  y además me parecía muy caro.

Te tornaste muy insistente, hasta me pediste que lo hiciera por la confianza que te tenía.

¡Epa! , ¿Era eso tan bueno? ,  ¿y si Dios me estaba dando una mano y yo la estaba rechazando? , ¿acaso no defiendo yo la humildad?, ¿o me estoy creyendo tan perfecta que no tengo nada más que aprender?.

Me acordé de aquel cuento del cura de un pueblito que se estaba inundando, y cuando el agua cubría todo el suelo de la capilla, pasaron unos vecinos en un carro tirado por caballos y le dijeron:

-. Venga padre que lo llevamos antes de que siga subiendo el agua.

-. Gracias hijo, vaya tranquilo que yo ya tengo quien me salve.

Cuando el agua llegaba hasta el techo de la capilla, pasaron unos paisanos en un bote y le dijeron:

-. Venga padre que lo llevamos.

-. Gracias hijos, vayan tranquilos que yo ya tengo quien me salve.

Ya solo se veía el campanario y estaba el cura sentado en el techo del mismo cuando pasa una lancha de salvamento y le dicen:

-. Vamos padre que lo llevamos.

-. No se preocupen hijos, vayan nomás que yo ya tengo quien me salve.

Estaba el curita agarrado de la cruz, que era lo único que quedaba fuera del agua cuando llega un helicóptero de Prefectura.

Otra vez el curita se niega a ser salvado, “Yo ya tengo quien me salve”.

El agua arrasa con cura y todo.

Una vez en el cielo el cura se encuentra ante Dios y le dice en tono recriminador:

-. Señor, Señor, te dediqué toda mi vida y no fuiste capaz de salvarme.

-.¿Cómo que no fui capaz de salvarte?, si te envié primero un carro, después un bote, como no te subías te mandé una  lancha y de última un helicóptero.

Fue entonces que decidí hacer ese primer curso de educación vivencial para adultos.

Fue entonces que decidí oírte y abrirme hacia el mundo exterior… Fue entonces que ante tu insistencia decidí darme y darte una oportunidad de formar lo que una vez planeamos y nunca llegamos a concretar…