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Publicado en ReaLiDaD el 14 de Abril, 2009, 1:32 por Petalito

¿Cuántas veces te encontraste a ti mismo enojado con la vida por algo que no te salió como querías?

Seguro que alguna vez te escuchaste preguntándote ¿por qué a mí?

Yo me pregunto ¿por qué no a ti?

A veces me sorprendo de vernos a nosotros los humanos, los "superiores" de la naturaleza en una exposición exquisita de caprichos, terquedad, falta de inteligencia, rodeados de una arma omnipotente creyéndonos de verdad "dueños del mundo".

Sería ridículo ver a alguien parado en medio de la calle un día de lluvia, maldiciendo al tiempo porque no le convenía que ese día llueva. Más ridículo aún exigiéndole al tiempo que cambie inmediatamente a las condiciones que él necesita.

Nos reiríamos de una persona pensando así, hasta pensaríamos que está medio loca. Todos sabemos que no podemos dirigir al tiempo.

Sin embargo insistimos en querer dirigir los acontecimientos de la vida, como si no fueran parte de la naturaleza misma.

Cuando las cosas no suceden como las habíamos planeado, nos enojamos y no podemos creer lo que sucede.

Una necesidad de que todo salga perfecto y en las condiciones que queremos sale impetuosamente de nuestro carácter.

Cada vez que pasa esto me acuerdo de un cuento, tan pero tan antiguo que Dios vivía en la tierra.

Un día un viejo campesino fue a verle y le dijo:

"Mira, tú debes ser Dios y debes haber creado el mundo, pero hay una cosa que tengo que decirte: no eres campesino, no conoces ni siquiera el A B C de la agricultura". Tienes algo que aprender:

Dios dijo "¿Cuál es tu consejo?.

                                           

El granjero dijo:

"Dame un año y déjame que las cosas se hagan como yo creo y veamos que pasa. La pobreza no existirá más".

Dios aceptó y le concedió al campesino un año.

Naturalmente pidió lo mejor y sólo lo mejor. Ni tormenta, ni ventarrones, ni peligros para el grano.

Todo confortable, cómodo y él era muy feliz.

El trigo crecía altísimo. Cuando quería sol, había sol, cuando quería lluvia, había lluvia, había tanta lluvia como hacía falta. Ese año todo fue perfecto, matemáticamente perfecto.

El trigo crecía tan alto que el granjero fue a ver a Dios y le dijo: "Mira, esta vez tendremos tanto grano que si la gente no trabaja en diez años, aún así tendremos comida suficiente".

Pero cuando se recogieron los granos, estaban vacíos.

El granjero se sorprendió.

Le preguntó a Dios: ¿Qué pasó?, ¿Qué error hubo?.

Dios dijo:

"Como no hubo desafío, no hubo conflicto, ni fricción. Como tú evitaste todo lo que era malo, el trigo se volvió impotente. Un poco de lucha es imprescindible. Las tormentas, los truenos, los relámpagos, son necesarios, porque sacuden el alma dentro del trigo".

Los problemas que nos tocan enfrentar en la vida los podemos tomar como herramienta que nos sirven para forjar un espíritu firme.

Necesitamos tanto del día como de la noche, de la tristeza como de la alegría.

Todo lo que hay en la vida nos es necesario para conocernos más y tomar de cada experiencia su enseñanza.

Nutrirnos en cada momento de lo que nos toca vivir sabiendo que siempre (lo descubramos o no) está sucediendo lo mejor para nosotros.